23 jun 2009

Experimento sobre la obediencia a la autoridad de Stanley Milgram


Stanley Milgram diseñó esta investigación como consecuencia de la inquietud que le produjo la que había llevado a cabo, unos años antes, un psicólogo social, S. Asch, sobre presión grupal. Asch encontró una significativa conformidad en los sujetos ya que elegían la respuesta incorrecta (a pesar de darse cuenta del error) por imitar a la mayoría (cómplices del experimentador que cometían el error con premeditación). Los sujetos que elegían la respuesta correcta, desviándose así de la elección de la mayoría, se sentían molestos y "en evidencia".

Stanley Milgram pretendía medir la obediencia a la autoridad y captar la esencia de la atitud obediente y voluntaria. Naturalmente tuvo que disfrazar el verdadero objetivo del estudio y lo presentó como una investigación que medía los efectos del castigo sobre el aprendizaje.

El primer paso consistió en colocar un anuncio en la prensa local, ofreciendo una paga de 4 dólares, más gastos de viaje, a 500 personas que cumplieran el requisito de tener una edad comprendida entre 20 y 50 años. No había ninguna otra exigencia. La autoridad aquí estaba representada por la Universidad de Yale y ésta, a su vez, por el experimentador, un caterático serio y distante que sería quien diera las instrucciones (órdenes) a los/as alumnos/as.

Al voluntario se le instruía sobre el castigo que debía aplicar aun sujeto (un contable, rechoncho y amable) que se encontraba en otra habitación, sentado sobre una silla conectada a un generador eléctrico. Tenía sobre su brazo colocado un electrodo y recibiría descargas eléctricas cada vez que se equivocase. El voltaje oscilaba entre 14 y 450 voltios y el experimentador informaba que, aunque las descargar pudieran llegar a ser dolorosas, en ningún caso podrían ocasionar la muerte.

Iniciado el experimento, el sujeto que hacía las veces de profesor/a, debía apretar el pulsador (en total tenía ante sí 30 pulsadores) cada vez que el alumno se equivocaba, provocándole así una descarga eléctrica. Las primeras eran ligeras pero, una vez alcanzados los 120 voltios, el alumno comenzaba a gritar hasta el punto de pedir que lo sacaran de allí. A los 270 el quejido a era agónico.

Cuando los voluntarios/as que hacían de profesor/a dudaban y preguntaban al experimentador sobre si podían abandonar su puesto, el experimentador les urgía, con seguridad, a seguir. El resultado fue que la mayoría (alrededor del 63%) de los sujetos-profesores/as, llegó hasta el final, es decir, a descargar 450 voltios a una persona con el pretexto de ser castigada. En el transcurso de las pruebas, las reacciones de estos sujetos variaban. Iban desde las risas nerviosas hasta la crispación, temblores y otras reacciones que convertían a las personas, ciertamente presentables del principio, en unos desechos humanos. Pero, a pesar de encontrarse en esta situación, continuaban (más de la mitad de la muestra) en su puesto, haciendo lo que se esperaba de ellos/as. Obedeciendo.

Finalizados los experimentos, se informaba a los/as voluntarios/as de que no se dieron, en ningún momento, descargas reales al alumno y que ést era cómplice del experimentador.

Como es de suponer, fue grande la sorpresa de la comunidad científica ante los resultados encontrados por Milgram. Las críticas se multiplicaron, tanto por posibles fallos en el diseño experimental como por la falta de ética que se desprendía de la situación humillante a la que se sometía a los/as voluntarios/as. Aún así, el experimento fue replicado en Europa y Australia, encontrándose porcentajes todavía más elevados de obediencia al experimentador, hasta alcanzar en algunos casos el 80%.

A pesar del gran revuelo social y el hondo pesimismo sobre la naturaleza humana que se desprendía de este estudio, Milgram publicó sus resultados y las conclusiones más significativas se describen a continuación.

CONCLUSIONES:

1) Cuando el sujeto obedece a los dictados de la autoridad, su conciencia deja de funcionar.

2) Cuando el sujeto obedece órdenes, se produce una abdicación de la responsabilidad.

3) Los sujetos obedecen con mayor facilidad cuanto menos han contactado con la víctima y cuanto más lejos se hallan, físicamente, de la misma.

4) Los sujetos con personalidad autoritaria resultan más obedientes que los no autoritarios (clasificados así tras responder a un test de tendencias fascistas).

5) Cuanto más cerca está la autoridad, físicamente, se obedece más fácilmente.

6) A mayor nivel de formación, menor intimidación produce la autoridad, por lo que se produce una disminución de la obediencia.

7) Mayor propensión a obedecer entre las personas que han pertenecido a las Fuerzas Armadas o instituciones similares, donde es importante la disciplina.

8) No hay diferencias significativas entre hombres y mujeres, si bien las mujeres obedientes se ponen más nerviosas que los hombres obedientes.

9) El sujeto tiende a encontrar autojustificaciones a sus actos inexplicables.

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