Si no espabilas de una vez, los medios de comunicación conseguirán que los pocos que todavía no aman al opresor acaben odiando al oprimido, víctimas de una desinformación total y absoluta.
Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra ni una depresión, nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seríamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock. Pero no lo seremos. Y poco a poco lo entendemos. Lo que hace que estemos muy cabreados.
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