
La humanidad se encontró hace algo más de cien años con un recurso único, que le dio la posibilidad tanto de disponer de una fuente de energía muy eficiente, fácil de extraer, transportar y utilizar, como de aprovechar otros recursos naturales y fabricar una gran variedad de materiales necesarios en nuestro modo de vida actual. Pero, sobre todo, ese recurso le permitió incrementar enormemente la capacidad de producir y distribuir alimentos y multiplicar explosivamente la población mundial, desde los mil millones de seres humanos a mediados del siglo XIX hasta los seis mil quinientos millones de la actualidad.
Ese recurso es el petróleo, y es el que ha posibilitado los profundos cambios experimentados por la humanidad en el último siglo, hasta llegar al estado de enorme dependencia de contar con suficientes suministros de “oro negro” del mundo actual. También él es el causante de multitud de problemas, tales como las crecientes guerras y desigualdades, la contaminación de los ecosistemas - lo que incluye el preocupante incremento de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera- y la sobreexplotación de otros recursos vitales en retroceso, como los bosques, las tierras fértiles y el agua.
Sin embargo, pese a los retos que estos problemas constituyen, debidos en última instancia al uso del petróleo, paradójicamente, el verdadero reto al que se enfrenta la sociedad en nuestros días es la irremediable e irreversible disminución en su disponibilidad, según ya venían advirtiendo desde hace décadas los más eminentes geólogos, sin que exista la posibilidad de sustituirlo con otros recursos conocidos, y menos con tiempo suficiente para evitar la debacle.
Esta es la realidad que los grandes poderes mundiales que controlan la política, la economía y los medios de comunicación vienen ocultando, cada vez con mayores dificultades a medida que se va haciendo más palpable. Es también la realidad que castiga cada vez con mayor dureza a la población más desfavorecida de los países pobres, donde se vive al límite y que son los primeros afectados por los desabastecimientos y las subidas de los precios del petróleo.
Este artículo nace para contribuir a la divulgación de la crisis energética global en la que nos encontramos, en el momento en que los expertos en geología y recursos energéticos consideran que se podría estar alcanzando el cénit de la producción mundial del petróleo.
Se aconseja en especial la web crisisenergetica.org , donde existe abundante información distribuida en diversas secciones, artículos traducidos, comunicados y noticias actualizadas, entrevistas, gran número de enlaces a otras páginas relacionadas y un foro de debate con comentarios de personas interesadas en este tema. También en dicha página están disponibles las traducciones al castellano de los boletines de la red ASPO, que integra científicos de diversos países que se dedican al estudio de las reservas petrolíferas, y que tratan de determinar la fecha y el impacto del cenit de las producciones mundiales de petróleo y de gas natural.
La “Curva de Hubbert” y el cénit del petróleo
La producción de cualquier pozo de petróleo a lo largo de su tiempo de vida útil sigue una curva en forma de campana, a la que se denomina "Curva de Hubbert ", Por lógica, esto es también válido para la suma de varios pozos, por lo que la producción de cualquier país, como la mundial en su conjunto, también presentan curvas de producción con forma de campana.
Los costes de extracción son mucho más bajos en el tramo ascendente de la curva que en el descendente, en el que se van necesitando progresivamente mayores gastos y energía para extraer el petróleo de los depósitos que se van agotando, hasta que se llega al punto en que es necesaria más energía para la extracción que la que se obtiene del petróleo resultante de la misma, momento a partir del cual deja de tener sentido continuar la explotación, aunque quede petróleo por extraer. Además el petróleo extraído en el tramo descendente va resultando cada vez de menor pureza. En definitiva, el petróleo es abundante, de buena calidad y de fácil extracción en el tramo ascendente, y escaso, de peor calidad y más costoso de extraer en el tramo descendente.
El cénit del petróleo es el término que se aplica al punto de la curva de Hubbert en el que se logra la máxima producción, y se alcanza cuando se ha extraído aproximadamente la mitad del petróleo existente. Una vez pasado el cenit, la cuesta por la que se desciende en principio tiene poca pendiente (parte superior de la campana), pero después se va haciendo más empinada.
El petróleo en nuestras vidas.
Nuestra sociedad y modo de vida actuales son posibles gracias a la abundante disponibilidad de petróleo, pues está detrás de prácticamente todos los aspectos de nuestras vidas y de todos los bienes de consumo del mundo actual, siendo su presencia necesaria en los procesos productivos tanto en forma de materia prima como en forma de energía, empleada en el transporte y en la fabricación.
La industria, la electricidad, el transporte, la construcción, el turismo, la agricultura, etc. están entrelazados indisolublemente con la producción de petróleo, que es también el principal responsable de los adelantos en medicina, al permitir la producción masiva de medicamentos y el desarrollo de la infraestructura sanitaria como hospitales, ambulancias, y hasta las carreteras por donde circulan éstas. Es también necesario para mantener servicios básicos urbanos como alcantarillado, recogida de basura, cuidado de calles y jardines, servicios de bomberos, servicios de protección civil y policía, etc.
La fabricación de casi todos los productos de uso común requiere del petróleo, que forma parte de todo tipo de plásticos, productos químicos, materiales de construcción, etc., estando presente en casi todo lo que utilizamos a diario, como los componentes internos y cubiertas de aparatos electrónicos, cueros sintéticos, detergentes, productos de limpieza, cosméticos, pinturas, aditivos alimentarios, lubricantes, PVC, aislantes, fibras sintéticas para la ropa, etc.
Y lo más importante, la producción comercial de alimentos se basa por completo en el uso intensivo de petróleo, que fue el que posibilitó la Revolución Verde, es decir, la extensión de la agricultura basada en los regadíos, la mecanización y el empleo de fertilizantes e insecticidas, lo que permitió el espectacular boom demográfico del pasado siglo. La mayoría de los pesticidas agrícolas necesitan del petróleo para su fabricación, y los fertilizantes comerciales se basan en amoníaco, que se produce a partir del gas natural, cuya producción va ligada a la del petróleo. Se necesita petróleo también para el uso de las maquinarias de cultivo, como tractores y cosechadoras, las bombas de agua para el riego, los sistemas de almacenamiento de alimentos como los refrigeradores, y los sistemas de transporte como los mercantes o los camiones. A lo largo del pasado siglo la producción de alimentos y la población fueron aumentando a medida que lo hacía la producción de petróleo.
No debe pues sorprender que si todo el funcionamiento de la sociedad depende de un único recurso, cualquier pequeña variación en su precio haga tambalear todas las economías, y en especial las más débiles, de forma que si el precio sube se generan procesos inflacionarios en todos los países y en todos los sectores económicos.

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